17 ago. 2012

Y si...?


Cada día tomamos decisiones acertadas, erróneas, meditadas y a veces espontáneas. Y esas decisiones nos convierten en nuestro yo de mañana.
Pero hay ocasiones en que parece que no las tomemos nosotros.  Sin preverlo un día llega una fuerza motriz que parece que las tome por ti….o tal vez no.
Insistimos en ver casualidades, en ver señales, en ver sendas….pero, hasta donde las creamos nosotros?
Un día recibes una llamada al móvil de alguien que se ha confundido, ese día te has levantado amable y el señor X se ha despertado sociable. Te has equivocado le dices.
Y ahí…empieza una conversación.
ÉL veranea en tu código postal, tu vivías en el suyo…parece que los astros se hayan alineado para que debas seguir hablando con él.
Y a medida que lo hacéis, se crea una empatía, un feeling , un “algo raro” que os abre la curiosidad de conoceros, así que decidís hacerlo porque…todo ha sido tan casual que quieres descubrir si, tal vez, es causal.
¿Hasta donde hay que seguir esas “señales”? ¿La curiosidad realmente mato al gato? ¿O le hizo encontrar una salida de ese garaje en el que se había quedado encerrado?
Ambos lo tenéis claro, vais a quedar por que hay que saber cómo termina esta partida en la que os habéis visto envueltos. ¿Ganaremos? ¿Perderemos? ¿Quedaremos en tablas?
¿Sigue siendo todo tan casual? ¿O lo estáis provocando vosotros? Si…de camino pinchas una rueda…¿también pensaras que es una señal para que no vayas? ¿O dirás que ganar siempre es mejor cuando hay obstáculos?
No hay más casualidades que las que queremos ver ni más señales que las que queramos seguir.
Interpretamos las circunstancias, las palabras y los gestos a nuestro antojo y los convertimos en positivo o negativo influenciados por nuestro estado de ánimo, por nuestras propias ganas de hacer un momento de tu vida algo interesante, o no. Y decidimos hasta donde.
La curiosidad no mató al gato; lo mató la caída de la ventana cuando encontró la salida, el arranque del coche cuando él se escondió en el motor, la rueda de un coche cuando intentaba seguir las líneas blancas, lo mató la vejez. Nunca la curiosidad.


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