22 sept. 2014

De corazón y otras cosas...

Nos dejamos el alma, las manos y el tiempo en cosas que damos por sentado que tendrán una recompensa. Tal vez, económica, material, sentimental, un mero abrazo, un beso o puede que una simple sonrisa.

Ponemos el corazón a un lado de la báscula y equilibramos su peso con ganas y prisas, con expectativas y  emociones y damos por sentado que el resultado el que sería para nosotros.

Cambiamos el sentido de las palabras y le damos de hostias al diccionario para que un ‘’imposible’’ sea un ‘’posible’’, para que un ‘’vas justo’’ se convierta en un ‘’vas sobrado’’ y nos mofamos del tiempo, de la duda y de las manecillas del reloj.

Nos regodeamos pensando en su cara, en su primera mirada, en cuando sus ojos te encuentren con una media sonrisa y un gesto de aprobación dudosa. Damos por hecho que será al menos la mitad de perfecto que como lo tenemos construido en nuestro mundo paralelo donde no hay pensión completa para los imprevistos, para los malos momentos, para los lugares incorrecto ni los fallos.

Todo está medido, todo será perfecto porque no puede ser de otra forma.

Y, entonces, en tu mundo paralelo estalla el big bang y con la explosión tus manos se queman, el alma se encoje y el tiempo se para en la derrota. El corazón se deshidrata, las prisas huyen, las ganas se esconden, las expectativas se convierten en mito, las emociones juegan al escondite. El diccionario se ríe de nosotros mientras nos grita: ''conmigo no se juega''; las dudas y las manecillas se alían en tu contra y devuelven el boomerang que les has mandado.


Y después del humo, de la confusión, del estallido, volvemos al mundo del que nunca nos movimos. Nada está medido, nada es perfecto, nada puede hacer que otro sienta recibiendo lo que, con o sin corazón, ofreces; nada es preciso, nada es oportuno a nuestro antojo, nada es nada, pues no se trata de los ojos con los que tú lo viste, sino con los que él lo recibió.

No se trata de haber perdido, sino de no haber ganado; no se trata de haberlo echo mal, sino de no haber acertado; no se trata de sentido, sino de sentimiento.


20 sept. 2014

En ocasiones...

Y, a veces, hay que entender que no hay que seguir hablando cuando todo está dicho, que no hay que poner vendas a cada parte que duele, que la última palabra en ocasiones es muda, que disculparse más de una vez es (como, tal vez, diría Marwan)  igual que ver la repetición de un gol (lo miras pero no lo ves). 

Y eso es lo difícil; mantenerse callado, dejar de arreglar lo que no está roto (tan solo herido), pasar frío en la noche esperando que, poco a poco, la cama se estreche para que llegue el día en que dos vuelvan a ser uno y se atrevan, de nuevo, a mirarse a los ojos, verse por dentro y entender que no dejaron de quererse, tan solo dolía.

16 abr. 2014

El escondite

Esta noche he jugado una partida al escondite con tu cuerpo, he buscado albergue en los rincones que dejan tus huesos, me he encogido para caber en ellos, me he pulido para encajar y no ser encontrada.

He comenzado acurrucada en el tramo que tierra de nadie que hay entre tu cuello y tu hombro. Se está tan bien allí….pero tenía miedo de que un suspiro te despertase y me encontrases instalada y vulnerable midiendo con besos los centímetros de mi escondite.

He buscado cobijo en tu ombligo y cuando he llegado a él me he sentido en el centro del mundo; de un mundo donde el pago por pasar la frontera son caricias, donde las aduanas decomisan las complicaciones y hacen las cosas fáciles. Un mundo donde la única bandera lleva los colores de tu sonrisa, donde la única religión es el sabor d tu voz.

Allí, en tu ombligo, no hacía frio ni calor, las paredes estaban acolchadas con almohadas de plumas y el techo dejaba entrar la luz del día.
Con los primeros rayos de sol he temido ser vista, he recogido mis huesos y mi piel y antes de cerrar la puerta he dado un beso mudo a mi refugio.

De camino a un nuevo hogar mis pupilas se han despistado y se han parado en tus ojos buscando tus iris a través de las persianas de tus parpados. Esa ha sido mi perdición. Te miro y mi cuerpo sonríe empujándome a perder la partida, arriesgándome a ser vista.
Las yemas de mis dedos dibujan el mapa de tus facciones con sigilo memorizando cada valle, cada espigón, ladera y montaña de tu rostro…hay tantos rincones donde esconderse…

Sin apenas darte cuenta esbozas un amago de sonrisa, vacías tus pulmones regalándome una parte del aire que alojabas en tu mundo, entornas los ojos y me doy por perdida. Miro el reloj y le pido que pare de girar, se acerca la hora y no he encontrado refugio.

Como si escuchases mis silencios estiras un brazo y me invitas a mudarme al hogar que hay entre él y tu pecho. Con el juego ya perdido me doy la vuelta y coloco mi cabeza en tu hombro acercando mi espalda a tu pecho, abrazada por todo tu mundo. Estoy en casa. Tú eres casa. He ganado.

Cuando cierro los ojos y sincronizo mi respiración con tus latidos siento tus labios en el tramo de tierra de nadie que hay entre mi cuello y mi hombro y ahí, en ese momento, siento alivio. Tú también juegas hoy al escondite.


11 abr. 2014

Y entonces...

Y entonces te asomas a mi boca, de la misma forma que un leopardo a su presa,  cauteloso, en silencio, con la armonía que ofrece el paso firme y bien dado...

Y entonces te miro a los ojos y veo a través de ellos tu intención y mis ganas,  tu sereno acercamiento y mi precipitadas ansias.

Y entonces, a tan solo un centímetro de tu meta, frenas en seco  y lo que a penas es distancia se convierte en viaje eterno.

Y entonces dejas caer tu respiración, que con picardía atraviesa la barrera de mis labios y se aloja en mi lengua,

 haciendo que cada poro de mi piel se estire en tu encuentro y un latigazo llamado deseo haga que me envuelva en tus sabanas.

Y entonces se acaba el viaje y empieza el trayecto, me besas, te beso y en ese momento nace una poesía. 


27 feb. 2014

Si tengo que pedir



Y si tengo que pedir algo es que me arranques la ropa de una sonrisa,

que me abraces con la mirada,

que me quites las dudas con un silencio.



Y si tengo que pedir algo es te escondas en el fondo del vestidor,

que soples la vela del recuerdo,

que silencies las memorias de todo lo que nunca ocurrió y quise que pasara.



Y si tengo que pedir algo es que mi corazón y cabeza caminen algún día

de la mano por el mismo camino, por uno que no sea tu cuerpo.

13 ago. 2013

A mi manera

Y entonces, cuando todo está en calma, cuando llevas los recibos al día y tienes planes para 3 días seguidos, cuando te acuestas sabiendo lo que pasará a la mañana siguiente, cuando sabes que te despertará un café y un cigarro y meriendas con el confort que proporciona la tranquilidad …la vida te pone en una encrucijada.

¿Derecha o izquierda? ¿Norte o sur? ¿Pasta o arroz? ¿Blanco o negro? ¿Corazón o razón?

La respuesta late ensordeciendo cualquier otra: corazón; pero la cabeza, esa traicionera compañera de viaje que nos persigue a cada paso con una fidelidad digna de novela rosa, nos susurra en el silencio que deja cada pálpito: te equivocas.

Entramos en una batalla interior donde la mayor parte del día gana lo que debemos hacer, pero cuando lo que queremos se pronuncia….hace un jaque mate en tan solo un movimiento; no hay duda, no hay rival, no hay opinión que nos quite la razón, la razón del corazón.

En ocasiones sabemos que nos equivocamos, que no forma parte de nuestro proyecto construido entre nubes de algodón y estrellas de leds, que no hay hueco para más tropiezos porque ya clavamos las esquinas de la alfombra al suelo, pero aun así, aun sabiendo que el próximo paso dará lugar a una anécdota a largo plazo que a corto será un dolor, aun sabiendo que las sonrisas de hoy serán las lágrimas de mañana, no podemos hacer caso omiso a ese latido, a ese "boom, boom, boom" que sincroniza el día a día con tu Casio y se convierte en una cuenta atrás donde las 00:00 son el comienzo y el fin de algo especial.

Tenemos dos opciones: lamentarnos por lo que no hicimos o por lo que nos arriesgamos a hacer. Ying o Yang, mar o montaña, cara o cruz, truco o trato…

¿Más es menos o menos es más? 

Ni idea, solo sé que somos las decisiones que tomamos...