6 ago 2013

Tropezar

El guionista de la película 60 segundos escribió: sin una gran decepción no se aprecian las victorias; y es que es imposible ganar ganando, aprender sabiendo o acertar acertando.

Si me paro a analizar las cosas (grandes o pequeñas) que he conseguido caigo en la cuenta que de las que más orgullosa me siento tienen sus raíces en errores. Enormes errores que te hacen tocar el fondo de la vergüenza y el sentimiento de inferioridad, errores que por instantes te hacen olvidar que son parte del juego de la vida y te provocan ganas de correr a ninguna parte, errores conscientes por la falta de empeño e inconscientes, que son los que más duelen.

Siempre me ha gustado la gente que comete errores y lo admite (aunque sea pasado el tiempo), porque ese el primer paso para no volver a tropezar en el mismo; quien nunca se equivoca nunca aprende.

Hay veces que el destrozo no tiene solución, otras que la recuperación es lenta, en ocasiones cierra una puerta y nos deja ciegos hasta que sacamos valor para abrir los ojos y encontrar la ventana entreabierta, algunas simplemente hay que rectificar…pero en cualquiera de las situaciones hay algo que aprender.

Crecer, con esa palabra lo resumiría. Aquellos que aprendieron a sumar, lo hacen a la perfección y jamás intentaron multiplicar no se equivocan; en cambio el que después de saber que dos más dos son cuatro pasa a multiplicar, dividir, hacer raíces cuadradas y logaritmos…falla miles de veces antes de saber desarrollarlo bien.

Admiro a quienes en momentos determinados sienten que han fallado y yo espero seguir equivocándome toda la vida.


De vez en cuando también se caen.

3 ago 2013

Siempre

Y aun después de haber pasado tantos años me despierto en ocasiones recordándote. Supongo que debí soñar contigo pero no me acuerdo (seguro que hay tanto que no recuerdo…).

Otras veces te cuelas entre una conversación ante dos cafés con leche, un amigo me explica un ápice de lo que ha sentido ante una situación parecida y yo pienso: - creo que sé cómo te sientes. Y justo en ese instante apareces tú golpeando mi consciente y mi subconsciente, reprochándome que no hable de ti con nadie porque me cuesta compartirte sin ser emotiva, y ya sabes que nunca fui de lágrima pública.

Hacía tiempo que no aparecías, pero en los momento importantes siempre me tomo unos minutos para pensar en ti; es como si al hacerlo me acompañases a pesar de no creer en cielos ni en infiernos. Simplemente me hace sentir bien ser más justa contigo que lo que lo fue la vida y darte el lugar que te corresponde en las cosas importantes: a mi lado, aunque sea en mi pensamiento.

A veces imagino como serías ahora, si tendrías canas o pronunciadas entradas, si estarías más gordo y si serías feliz…chorradas, a veces imagino solo chorradas.

Hace mucho tiempo que dejé de estar enfadada con el mundo y dejé de preguntarme: por qué? No hay respuesta, y mucho menos una que haga que los que nos quedamos aquí nos sintamos mejor.

La ira, la desolación, el vacío, la impotencia, las preguntas sin respuesta, la consternación, los sentimientos de culpa, de odio...todo eso quedó atrás y he concentrado toda esa nube de frustraciones en un solo día, el mismo en que te marchaste sin avisar, como “de puntillas”, sin decir adiós y sin cartas con remite.

Después de tantos años solo queda el recuerdo de lo vivido contigo y el anhelo de lo que quedaba por vivir, que te cueles en conversaciones, que seas mi sonrisa cuando pienso en la niñez y decirte hasta luego….no porque crea en otra vida, sino porque decir adiós aun duele demasiado.

A mi tio pequeño, mi hermano mayor, mi cómplice mediano...mientras alguien piense en tí, seguirás vivo.

1 ago 2013

Perderse

Una vez leí que en ocasiones había que perderse para encontrarse. No recuerdo quien me lo dijo, donde lo leí ni el momento en que esa frase pasó a formar parte de mí. Tal vez yo estaba perdida y más obcecada en encontrar la meta que en disfrutar de las frases y  sabores del trayecto hacia ella.

Pasamos los días pensando en cómo mejorar mañana el hoy y se nos olvida algo fundamental: preguntarnos a nosotros mismo si esa mejora que buscamos es la que queremos encontrar en realidad.

Cuando somos pequeños gateamos y nuestros padres nos incitan a andar, cuando lo hacemos, nos invitan a correr, cuando corremos nos apuntan a futbol, a atletismo, a gimnasia artística, siempre más.  Acabamos el instituto y hay que estudiar una carrera, la terminamos y hay que buscar trabajo en torno a nuestro diploma, somos becarios y queremos un contrato, lo conseguimos y aspiramos a que sea indefinido, cuando lo somos queremos un ascenso, más, más, más… Pero…que queremos nosotros?

En ocasiones hay que perderse para encontrarse.

Algunos necesitamos llenar una mochila de camisetas, mudas y sensación de libertad; dar dos vueltas a la llave de la cerradura de casa para que no te sigan los lastres de la rutina y las obligaciones y tragar saliva ante el vértigo que da no tener el confort de saber dónde dormirás mañana.

Lo más probable es que los primeros días cuestiones si no estarías mejor en un resort con pulserita, a la sombra de una palmera y con el pasaporte a buen recaudo en la caja fuerte de la habitación 532 del hotel, ya que allí lo controlas todo, comes lo que quieres cuando te apetece, tienes la cama hecha de forma casi mágica 20 minutos después de deshacerla y toallas con formas de animales hacen que resulte hasta interesante volver al cuarto para saber si te han hecho un cisne o un elefante. Todo es previsible…

Pero si te pierdes, si no llevas itinerarios ni relojes, si tu pasaporte te acompaña a cada paso, si no llevas paraguas ni tienes chubasquero…curiosamente te relajas.

Puedes tardar días o semanas en experimentarlo pero estoy casi convencida que no hay excepción. No saber que cenarás hace que disfrutemos más lo que estamos comiendo en ese momento porque suprimimos la expectativa del: luego será mejor. No llevar reloj y dejar de necesitarlo hace que el tiempo deje de medirse en minutos para calcularse en sensaciones. No saber si mañana podrás ducharte hace que notes cada gota de agua que cae sobre tu piel y sientas que te abrazan. Antes o después comenzamos a disfrutar de las cosas más básicas, de las que dábamos por hecho y empezamos a ver y oír.

Y un buen día, sin preverlo, nos encontramos a nosotros mismo, nos vemos, nos oímos y lo más importante, nos escuchamos. Algunos no necesitan presentarse pues dentro de su ‘’pérdida’’ no dejaron que el ‘’más’’ se adueñase de su esencia; otros en cambio estaban tan absorbidos por el bucle de las expectativas y lo “socialmente correcto” que descubren al cabo de tantos años de llevar a cuestas ese cuerpo quien son y lo que quieren.

Perderse: Equivocarse de camino o no ser capaz de encontrar un camino o una salida correcta.

Dejar un trabajo bien remunerado, indefinido pero por el que no sientes pasión, para hacer…no sabes aun el qué; romper una relación de pareja con la persona con la que has compartido media vida, a la que quieres pero de la que dejaste de estar enamorado hace años haciendo caso omiso a aquellos que dicen: te vas a quedar solo; colgar los trajes de chaqueta y las corbatas y desempolvar la camisetas y los tejamos desgastados porque con ellos te sientes más a gusto; tener solo un billete de ida y un visado y no saber cuándo volverás porque crees que es lo que tienes que hacer; no hacer la declaración de hacienda porque no te da la gana…según la definición de perderse, con todo esto lo que estamos haciendo es encontrarnos. 

Puedes que perdidos estuviésemos antes de buscar perdernos.

14 may 2013

Postdata:os quiero


Conocemos la justicia como a aquella virtud de dar a cada uno lo que merece o corresponde y vivimos influenciados en parte por ella a pesar de que si miramos a derecha e izquierda es difícil encontrarla…

Justicia penal, justicia divina, justicia individual, justicia social…Hambre, maltrato, Palestina, abusos, Urdangarín, menores desatendidos, mayores desamparados, Sahara, perdidas de personas que aún les quedaba mucho por vivir, lagrimas, mendicidad, desahucios, asaltos….son solo una parte de las cosas que nos recuerda que la justicia NO está en todas partes.

Nos rompemos la cabeza preguntándonos: ¿por qué me pasa esto a mí? y es cierto que muchas veces la causa de lo malo que nos ocurre somos nosotros mismos, pero en muchas otras ocasiones…no es así. Repito: la justicia no está en todas partes.

Hay vidas que hacen su recorrido de forma lineal, sin apenas sobresaltos, sin apenas lágrimas que no formen parte de un capricho o una banalidad, vidas que parecen programadas desde antes del nacimiento para ser “las elegidas para el triunfo”.

Hay vidas al límite, que desde la infancia disfrutan rozando el ying y el yang y que cuando por un instante se relajan se vuelven a activar en busca de adrenalina.

Hay vidas tristes en vida, que se conforman con dejar pasar los días.

Hay vidas luchadoras, que a pesar de nacer entre metralla y bombardeos, son vividas cada día como si fuera el último, pues tal vez hoy, lo sea.

Vidas ajenas, generosas, egoístas, largas, cortas, aburridas, excesivas…y en todas y cada una de ellas siempre hay un momento en que mencionamos una palabra: in-justicia.

Ya sea a favor o en contra nuestra, buscada o encontrada, divina, penal o social, esa palabra nos persigue y, en muchas ocasiones, intentamos encontrar una razón por la que vida nos regala una dosis de in-justicia.

Puede que sea porque seguimos convencidos de que la vida es justa y algo hemos malo hemos hecho para merecernos lo que, a priori, no debería estar ocurriendo.

Si la vida fuese justa las noticias de las 21:00 serían como ver Barrio Sésamo.

Si la vida fuese justa no habría muros y escopetas donde antes había limoneros.

Si la vida fuese justa no existirían muchas de las palabras que hacen daño solo al oírlas.

No hemos de sentirnos responsables de todo lo malo que nos ocurre, ya que, en muchas ocasiones no lo somos y solo nos queda olvidar que la palabra Justicia existe (hoy por hoy incluso en los tribunales) y vivir nuestra vida generosa, triste, larga, corta, imprevisible, lineal…sonriendo por haber superado cada reto inesperado e in-justo.

Si la vida fuese justa hoy no habría escrito esto para vosotras dos.

Postdata: os quiero


3 dic 2012

Dejarse llevar

Cada paso que andamos, cada persona que conocemos, cada situación que se nos presenta lleva a nuestro consciente a un pasado donde “algo similar” ocurrió. Y la mayoría de las veces actuamos en consecuencia a como concluyó aquello que pasó un día.

Si acabó bien, damos por hecho que, esta vez,  haciéndolo igual todo saldrá de la misma forma. Si acabó mal, hacemos lo opuesto con tal de no volver a tropezar.

Pero…¿hay fórmulas para no equivocarse? Y…¿es esa?

De recién nacidos lloramos y obtenemos todo lo que queremos, somos grandísimos comerciales.  De mayores ocurre lo mismo?

Pataleamos porque no nos compran el helado de vainilla a las 9 de la mañana y…obviamente no nos lo compran por la vergüenza que hemos hecho pasar a nuestra madre. Y dejamos de protestar a la semana siguiente?

Conocemos a una Jessica que nos tira del pelo y nos hace la vida imposible. Dejamos de conocer a “Jessicas”?

Conocemos al que durante unos años es el amor de esa etapa de nuestra vida en un bar. Buscamos al próximo en el mismo sitio?

Nos rompen el corazón una mañana porque otra “única” ha hecho que dejemos de ser “única”. ¿Damos por hecho que siempre será así?

Si esa fuese la fórmula…vivir sería repetirse día a día.

Tal vez eso que un día nos hizo tropezar es lo que al siguiente nos hace ganar.

Tal vez perdamos oportunidades dando por hecho que fallará porque un día nos falló.

Puede que no debamos asumir lo que sale mal como causa únicamente nuestra.

Nuestro aciertos no siempre tienen que ser aciertos en el entorno; en ocasiones nosotros también somos errores. Y no se trata de que seamos más o menos validos o valiosos, sino de las expectativas ajenas.

Podemos estar contentos con nuestro trabajo, pero no implica que nuestro trabajo lo esté con nosotros. Lo mismo ocurre con las amistades, con las parejas y con todo lo que compone nuestra vida en general.

De poco nos sirve remitirnos al pasado para componer nuestro futuro, ya que, a fin de cuentas, los factores nunca son los mismos (lugar, momento, personas…).

Tal vez sea mejor dejarse llevar por nuestro instinto, hacer lo que consideramos oportuno, decir lo que queremos decir, sentir lo que sentimos y VIVIR sin el lastre de esos fallos, que a fin de cuentas, hoy puede que se transformen en aciertos.

Puede que la mejor fórmula sea, simplemente, no tener fórmulas y dejarse llevar...


7 nov 2012

Entre sapos y lobos


Cuando somos niñas pasamos por una época en la que los niños nos caen mal, nos tiran del pelo, nos suben la falda, se meten con nosotras porque no jugamos al balón o simplemente porque a ellos tampoco les caemos bien.

Nunca vamos a tener novio porque no nos gustan los chicos, son tontos y brutos.

El curso siguiente, llega a clase un niño nuevo, que probablemente no sea del agrado de nuestras madres y, por tanto, empiece a serlo del nuestro.

Llenamos nuestras carpetas con sus iniciales y el número de corazones que ponemos alrededor de su nombre es proporcional al número de compañeras a las que gusta y al número de veces que le llaman la atención en clase.

Mitificamos las relaciones de pareja desde pequeñas con historias de caballeros andantes o a galope que te llevan a sus castillos de luz y color entre corazones y besos, cuando a la gran mayoría de nosotras el que nos gustaba era el rebelde. Y es que todas, en menor o mayor medida, hemos tenido un Danny Zuko  (*Grease).

Pasan los años, Danny pasa de moda y ahora nuestro príncipe se acerca más a Edward Lewis (Pretty Woman). No es que nos sintamos putas y tampoco es que necesitemos que nos hagan la pelota por una Visa en Rodeo Drive; todo es por aquella última escena en la que el llega con el ramo de flores a rescatarla de su apartamento luchando heroicamente contra el miedo a las alturas.

Y a las que no nos gustaba tanto la ostentación de la limusina y la opera, teníamos a Johnny Castle (Dirty Dancing) como patrón de hombre  que queríamos en nuestra vida; un rebelde que no dudaría en enfrentarse a nuestra familia si fuera preciso con tal de que no nos arrinconase nadie.

Y así, cada una de nosotras vamos besando príncipes que se convierten en sapos, sapos que se convierten en príncipes pero que nos besan a nosotras y nos convertimos en ranas…y vamos acumulamos besos, sapos, charcas, príncipes y lobos que nos ayudan a mejorar y a desmitificar escenas, frases y películas completas que descubrimos que su final se debe a estar incompleta.

Transcurre el tiempo y vamos escribiendo nuestro propio guion que, al pararnos un momento a leerlo, nos damos cuenta de que es mejor que ninguna película facilona y cargada de clichés románticos.

No necesitamos la perfección, porque no es útil ni real y con el tiempo lo que nos emociona deja de ser los edulcorado para empezar a ser lo autentico.

Si hoy yo tuviese que casarme, no pediría para mi relación perdices ni sabanas de seda, no querría lunas de miel, tan solo lunas; ni necesitaría promesas que hoy son reales pero que mañana nadie sabe.

Si hoy tuviese que casarme lo haría con condiciones:

1-  En primer lugar, empezaremos por no engañarnos. Y para ello, quitaremos la palabra SIEMPRE de toda oración y documento que hable de ti y de mí como pareja. La cambiaremos por: mientras yo te quiera y/o tú me quieras.

Y comenzaremos a hacerlo el día de la boda. Nada de promesas que no sabemos si cumpliremos. No vamos a querernos siempre, lo haremos hasta que dejemos hacerlo, y si llega ese día, nos lo comunicaremos.

2- No olvidaremos nuestra individualidad. Estar casados no implica ser  cadena y grillete. Ambos tenemos vidas antes de nosotros y ambos hemos de seguir teniéndola.

Por lo que, los huecos los sacaremos para estar juntos y no para despejarnos el uno del otro; ya que es mejor dos horas deseando que lleguen que todo un día esperando que acabe.

3- No nos reprocharemos actitudes o costumbres que existían desde el primer día, ya que no nos queremos por ser perfectos, sino a pesar de nuestras imperfecciones.

4- El trabajo, los amigos, los hobbies...no tienen por qué ser algo común, por lo que no se ha de forzar que lo sea ni se ha de tener que esperar la aprobación del otro.

Mi trabajo y amigos son míos. Y no han de gustarte a ti, solo a mí. Y VICEVERSA.

5- Si odias planchar y yo cocinar...yo plancho y tu cocinas. EQUILIBRIO.

6- Tú trabajas, yo trabajo...por lo que pedir permiso para tener caprichos es triste, absurdo e ilógico cuando se puede.

7- No nos haremos nada que no nos gustaría que nos hiciesen a nosotros y, si tenemos la necesidad de hacerlo, primero avisaremos. De esa forma lo haremos sin remordimientos y siendo fieles a nosotros mismos.

8- El día que dejemos de querernos, intentaremos recordar el por qué nos casamos y primará sobre el por qué nos separamos. De esa manera...habrá valido la pena.

9- Y para concluir...no creo en el matrimonio, pero si en la pareja. Al final todas las clausulas se resumen en:

10- Jamás haría daño a propósito a nadie a quien quiero y me caso contigo porque sé que tu tampoco lo harías, porque somos igual de honestos para decirnos "sí, quiero" que para decirnos "se acabo", pero ante todo nos respetamos y eso implica que algunas cosas tuyas no me gusten y viceversa pero en la balanza, hoy, sigue ganando por mucho todo lo tuyo que me completa.